Michael Ende - Momo

Click here to load reader

  • date post

    18-Mar-2016
  • Category

    Documents

  • view

    250
  • download

    10

Embed Size (px)

description

Momo, novela de Michael Ende (completa); ilustrada y diagramada por editorial: Caleído

Transcript of Michael Ende - Momo

  • 1COLECCIN

    DEL

    OMBLIGO

    PRPURA

    MICHAEL ENDE

  • 2

  • 3

  • 4

  • 5

  • 6MO MICHAEL ENDE

    C o l e c c i n d e l 0 m b l i g o P r p u r a

  • 7MO

  • 8Primera edicin: Marzo 2014Tegucigalpa (Honduras)

    c 2014, de los textos - Michael Endec 2014, del diseo e ilustraciones - Doa Conegundac 2014, de la edicin - Caledo

    ISBN: 978-99760-85-97-1

    Impreso en Honduras

    Coleccin dirigida por: Sandy McCarthy

  • 9A Russel

  • 10

  • 11

    En la noche brilla tu luz.De dnde, no lo s.

    Tan cerca parece y tan lejos.Cmo te llamas, no lo s.Lo que quiera que seas:luce, pequea estrella

    (Segn una vieja cancin infantil de Irlanda).

  • 12

  • 13

    PRIMERA PARTE MOMO Y SUS AMIGOS

  • 14

    I

    En los viejos, viejos tiempos cuando los hombres hablaban todava muchas otras lenguas, ya haba en los pases ciudades grandes y suntuosas. Se alzaban all los palacios de reyes y emperadores, haba en ellas calles anchas, callejas estrechas y callejuelas intrincadas, magnficos templos con estatuas de oro y mrmol dedicadas a los dioses; haba mercados multicolores, donde se ofrecan mercaderas de todos los pases, y plazas amplias donde la gente se reuna para comentar las novedades y hacer o escuchar discursos. Sobre todo, haba all grandes teatros. Tenan el aspecto de nuestros circos actuales, slo que estaban hechos totalmente de sillares de piedra. Las filas de asientos para los

    espectadores estaban escalonadas como en un gran embudo. Vistos desde arriba, algunos de estos edificios eran totalmente redondos, otros ms ovalados y algunos hacan un ancho semicrculo. Se les llamaba anfiteatros.Haba algunos que eran tan grandes como un campo de ftbol y otros ms pequeos, en los que

    slo caban unos cientos de espectadores. Algunos eran muy suntuosos, adornados con columnas y estatuas, y otros eran sencillos, sin decoracin. Esos anfiteatros no tenan tejado, todo se haca al aire libre. Por eso, en los teatros suntuosos se tendan sobre las filas de asientos tapices bordados de oro, para proteger al pblico del ardor del sol o de un chaparrn repentino. En los teatros ms humildes cumplan la misma funcin caizos de mimbre o paja. En una palabra: los teatros eran tal como la gente se los poda permitir. Pero todos queran tener uno, porque eran oyentes y mirones apasionados.Y cuando escuchaban los acontecimientos conmovedores o cmicos que se representaban en la

    escena, les pareca que la vida representada era, de modo misterioso, ms real que su vida cotidi-

    Una ciudad grande y una nia pequea

  • 15

    ana. Y les gustaba contemplar esa otra realidad.

    Han pasado milenios desde entonces. Las grandes ciudades de aquel tiempo han decado, los templos y palacios se han derrumbado. El viento y la lluvia, el fro y el calor han limado y excavado las piedras, de los grandes teatros no quedan ms que ruinas. En los agrietados muros, las cigar-ras cantan su montona cancin y es como si la tierra respirara en sueos.Pero algunas de esas viejas y grandes ciudades siguen siendo, en la actualidad, grandes. Claro

    que la vida en ellas es diferente. La gente va en coche o tranva, tiene telfono y electricidad. Pero por aqu o por all, entre los edificios nuevos, quedan todava un par de columnas, una puerta, un trozo de muralla o incluso un anfiteatro de aquellos lejanos das.En una de esas ciudades transcurri la historia de Momo.Fuera, en el extremo sur de esa gran ciudad, all donde comienzan los primeros campos, y las

    chozas y chabolas son cada vez ms miserables, quedan, ocultas en un pinar, las ruinas de un pequeo anfiteatro. Ni siquiera en los viejos tiempos fue uno de los suntuosos; ya por aquel en-tonces era, digamos, un teatro para gente humilde. En nuestros das, es decir, en la poca en que se inici la historia de Momo, las ruinas estaban casi olvidadas. Slo unos pocos catedrticos de arqueologa saban que existan, pero no se ocupaban de ellas porque ya no haba nada que in-vestigar. Tampoco era un monumento que se pudiera comparar con los otros que haba en la gran ciudad. De modo que slo de vez en cuando se perdan por all unos turistas, saltaban por las filas de asientos, cubiertas de hierbas, hacan ruido, hacan alguna foto y se iban de nuevo. Entonces volva el silencio al crculo de piedra y las cigarras cantaban la siguiente estrofa de su interminable cancin que, por lo dems, no se diferenciaba en nada de las estrofas anteriores.En realidad, slo las gentes de los alrededores conoca el curioso edificio redondo. Apacentaban

    en l sus cabras, los nios usaban la plaza redonda para jugar a la pelota y a veces se encontraban ah, de noche, algunas parejitas.Pero un da corri la voz entre la gente de que ltimamente viva alguien en las ruinas. Se tra-

    taba, al parecer, de una nia. No lo podan decir exactamente, porque iba vestida de un modo muy curioso. Pareca que se llamaba Momo o algo as.El aspecto externo de Momo ciertamente era un tanto desusado y acaso poda asustar algo a la

  • 16

    gente que da mucha importancia al aseo y al orden. Era pequea y bastante flaca, de modo que ni con la mejor voluntad se poda decir si tena ocho aos slo o ya tena doce. Tena el pelo muy ensortijado, negro, como la pez, y con todo el aspecto de no haberse enfrentado jams a un peine o unas tijeras. Tena unos ojos muy grandes, muy hermosos y tambin negros como la pez y unos pies del mismo color, pues casi siempre iba descalza. Slo en invierno llevaba zapatos de vez en cuando, pero solan ser diferentes, descabalados, y adems le quedaban demasiado grandes. Eso era porque Momo no posea nada ms que lo que encontraba por ah o lo que le regalaban. Su falda estaba hecha de muchos remiendos de diferentes colores y le llegaba hasta los tobillos. Encima llevaba un chaquetn de hombre, viejo, demasiado grande, cuyas mangas se arremangaba alrededor de la mueca. Momo no quera cortarlas porque recordaba, previsoramente, que to-dava tena que crecer. Y quin sabe si alguna vez volvera a encontrar un chaquetn tan grande, tan prctico y con tantos bolsillos.Debajo del escenario de las ruinas, cubierto de hierba, haba unas cmaras medio derruidas, a

    las que se poda llegar por un agujero en la pared. All se haba instalado Momo como en su casa. Una tarde llegaron unos cuantos hombres y mujeres de los alrededores que trataron de interroga-rla. Momo los miraba asustada, porque tema que la echaran. Pero pronto se dio cuenta de que eran gente amable. Ellos tambin eran pobres y conocan la vida.

    Y bien dijo uno de los hombres, parece que te gusta esto.S contest Momo.Y quieres quedarte aqu?S, si puedo.Pero, no te espera nadie?No.Quiero decir, no tienes que volver a casa?sta es mi casa.De dnde vienes, pequea?

    Momo hizo con la mano un movimiento indefinido, sealando algn lugar cualquiera a lo lejos.

  • 17

    Y quines son tus padres? sigui preguntando el hombre.La nia lo mir perpleja, tambin a los dems, y se encogi un poco de hombros. La gente se

    mir y suspir.No tengas miedo sigui el hombre. No queremos echarte. Queremos ayudarte.Momo asinti muda, no del todo convencida.Dices que te llamas Momo, no es as?

    S.Es un nombre bonito, pero no lo he odo nunca. Quin te ha llamado as?Yo dijo Momo.T misma te has llamado as?S.Y cundo naciste?

    Momo pens un rato y dijo, por fin:

    Por lo que puedo recordar, siempre he existido.Es que no tienes ninguna ta, ningn to, ninguna abuela, ni familia con quien puedas ir?

    Momo mir al hombre y call un rato. Al fin murmur:

    sta es mi casa.Bien, bien dijo el hombre. Pero todava eres una nia. Cuntos aos tienes?Cien dijo Momo, como dudosa.

    La gente se ri, pues lo consideraba un chiste.

  • 18

    Bueno, en serio, cuntos aos tienes?Ciento dos contest Momo, un poco ms dudosa todava.

    La gente tard un poco en darse cuenta de que la nia slo conoca un par de nmeros que haba odo por ah, pero que no significaban nada, porque nadie le haba enseado a contar.

    Escucha dijo el hombre, despus de haber consultado con los dems. Te parece bien que le digamos a la polica que ests aqu? Entonces te llevaran a un hospicio, donde tendras comida y una cama y donde podras aprender a contar y a leer y a escribir y muchas cosas ms. Qu te parece, eh?

    No murmur. No quiero ir all. Ya estuve all una vez. Tambin haba otros nios. Haba rejas en las ventanas. Haba azotes cada da, y muy injustos. Entonces, de noche, escal la pared y me fui. No quiero volver all.

    Lo entiendo dijo un hombre viejo, y asinti. Y los dems tambin lo entendan y asintieron.Est bien dijo una mujer. Pero todava eres muy pequea. Alguien ha de cuidar de ti.Yo contest Momo aliviada.Ya sabes hacerlo? pregunt la mujer.

    Momo call un rato y dijo en voz baja:

    No necesito mucho.

    La gente volvi a intercambiar miradas, a suspirar y a asentir.

    Sabes, Momo volvi a tomar la palabra el hombre que haba hablado primero, creemos que quiz podras quedarte con alguno de nosotros.

  • 19

    Es verdad que todos tenemos poco sitio, y la mayor parte ya tenemos un montn de nios que alimentar, pero por eso creemos que uno ms no importa. Qu te parece eso, eh?

    Gracias dijo Momo, y sonri por primera vez. Muchas gracias. Pero, por qu no me dejis vivir aqu?

    La gente estuvo discutiendo mucho rato, y al final estuvo de acuerdo. Porque aqu, pensaban, Momo poda vivir igual de bien que con cualquiera de ellos, y todos juntos cuidaran de ella, porque de todos modos sera mucho ms fcil hacerlo todos juntos que uno solo.

    Empezaron en seguida, limpiaron y arreglaron la cmara medio derruida en la que viva Momo todo lo bien que pudieron. Uno de ellos, que era albail, construy incluso un pequeo hogar. Tambin encontraron un tubo de chimenea oxidado